La competitividad implica ser capaz de ganar la batalla en el mercado, lo que quiere decir disponer de los elementos necesarios para distinguirse de los competidores, obtener más armas que ellos. Ganar la batalla consiste en poder conquistar más clientes o consumidores, incluso arrebatarles su propia clientela, gracias a ser competitivos, para ello es preciso ante todo, que el equipo humano en general sienta esta necesidad de serlo y tener esta cultura de ser competitivos, conviene precisar que existen indicadores de la competitividad:

  • El punto de venta, su evolución en el tiempo y en comparación con la competencia.
  • La imagen y posicionamiento que la empresa tiene en el mercado, así como la evolución de estos conceptos en el tiempo.
  • La participación que la empresa tiene en el mercado y su evolución.

Si la posición del punto de venta mejora cada vez más, si la imagen es cada vez más positiva y la participación del marcado crece cada periodo quiere decir que la competitividad de la empresa es muy buena. Hoy día estamos en un mundo en el que la competencia aumenta año tras año en el mercado y cada vez aparecen nuevos productos a precios más atractivos, el consumidor cada vez es más exigente, ante estos cambios en la oferta y la demanda, surge como concepto importantísimo la competitividad:

  • Ser competitivo implica no tener demasiados riegos de supervivencia, ya que lleva consigo la idea de solidez y seguridad.
  • No ser competitivo implica iniciar una carrera hacia la debacle.
  • Para ser competitivo se tiene que trabajar mejor y diferente a la competencia.

Tener una visión de marketing y de competitividad significa tener los pies en el mercado, estudiar al consumidor y sus necesidades, crear productos adecuados a sus requerimientos, sin olvidar el hecho de que este mismo enfoque lo están haciendo nuestros competidores, todo esto nos obliga a una superación constante y un chequeo permanente de lo que sucede en el sector que estamos posicionados.